Imagen referencial: Construcción en madera - entramado ligero.
Con la reciente publicación de la norma NCh433:2026 – Diseño sísmico de edificios por parte del Instituto Nacional de Normalización (INN), el diseño sísmico en Chile suma un nuevo capítulo: uno que incorpora ajustes nacidos del conocimiento acumulado sobre el comportamiento de distintos sistemas estructurales, entre ellos la madera.
En ese proceso, menos visible pero determinante, la investigación aplicada ha tenido un papel predominante. Parte de ese trabajo comenzó a tomar forma hace casi una década, cuando el Centro UC de Innovación en Madera (CIM UC), en conjunto con la Universidad del Bío-Bío (UBB), con apoyo del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) y la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), entre otros actores, impulsó un proyecto orientado a proponer ajustes a la norma para estructuras en madera con el sistema constructivo de marco plataforma o entramado ligero.
Se trata de una investigación que se extendió por cerca de tres años y que culminó en 2019 con la entrega de propuestas técnicas para revisar parámetros relevantes del diseño sísmico en estos sistemas.
En contexto
La norma NCh433 Of.1996 Modificada 2009 era el instrumento vigente para el diseño sísmico de edificios en Chile cuando se realizó este estudio. Tras el terremoto del 27 de febrero de 2010, la norma evidenció ciertas limitaciones que instauraron la necesidad de modificarla mediante dos decretos. El último de ellos, el Decreto Supremo N°61 (DS61), redefinió el marco regulatorio incorporando ajustes más conservadores en espectros de diseño, clasificación de suelos y exigencias de desempeño. Así, la NCh433 pasó a operar como base técnica de cálculo, mientras el DS61 estableció las condiciones normativas obligatorias.
En pocas palabras: la NCh433 define el "cómo diseñar", pero el DS61 (en conjunto con el DS60) redefinió "qué tan exigentes deben ser" los diseños tras el 27F. Este cambio consolidó un enfoque más robusto y coherente con el comportamiento observado en el terremoto.
Edificio Alto Río, Concepción, 27 de febrero de 2010. Una investigación judicial determinó que el colapso ocurrió por una negligencia en el diseño y la construcción del edificio. El caso se convirtió en el más icónico del terremoto del 27F y aceleró la revisión del marco normativo que regía el diseño sísmico en Chile hasta ese entonces. Fotografía: La Tercera. El sistema constructivo de esta edificación no corresponde a madera.
En ese contexto, el punto de partida era claro: la NCh433 y sus modificaciones estaban conceptualizadas en función de sistemas estructurales tradicionales como el hormigón, lo que generaba restricciones para el desarrollo de edificaciones en madera, especialmente para estructuras de más de dos pisos de altura. Frente a este escenario, el foco se centró en un objetivo: determinar los factores de diseño sísmico más adecuados para la construcción de edificaciones en madera con el sistema marco plataforma hasta 6 pisos de altura en Chile.
Ensayos de materiales, pruebas en muros de corte y análisis de conexiones formaron parte de una campaña experimental orientada a comprender el comportamiento sísmico de estos sistemas, de la mano con modelaciones no lineales de edificios completos. Todo ello bajo metodologías internacionales estandarizadas como el FEMA P695, que permitieron evaluar el desempeño estructural hasta estados cercanos al colapso y calibrar parámetros de diseño sobre bases cuantificables.
A partir de este trabajo, se levantaron dos propuestas específicas:
- Ajustar el factor de modificación de respuesta sísmica (Factor R) para sistemas de entramado ligero.
- Ajustar los límites de deformación de entrepisos (drift).


Estas propuestas apuntaban a habilitar el diseño de edificaciones de mediana altura en madera, de 3 a 6 pisos, bajo criterios de desempeño sísmico equivalentes a los de otros sistemas estructurales, junto con mejorar su competitividad en términos técnicos y económicos.
De la investigación a la toma de decisiones
Para profundizar en los alcances de esta actualización y su relación con el desarrollo de la construcción en madera, conversamos con Jairo Montaño, subdirector de Investigación en CIM UC. Ingeniero civil y magíster en Ingeniería Estructural y Geotécnica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Montaño, junto a un equipo interdisciplinario, lideró entre 2016 y 2019 el proyecto de Bienes Públicos CORFO que impulsó este cambio.
¿Cómo se articuló la participación de CIM UC en el proceso de actualización de la norma NCh433?
La participación de CIM UC en este proceso tiene su origen en un proyecto con la empresa TecnoFast, donde estudiamos la factibilidad técnica de construir edificios modulares de madera de hasta 6 pisos en el sistema marco plataforma. Los resultados confirmaron que era técnicamente viable, pero quedó en evidencia que la norma NCh433 conducía a diseños muy conservadores y sobredimensionados, lo que restaba competitividad al sistema. Eso impulsó la conformación de un equipo multidisciplinario para trabajar en una propuesta de modificación normativa, que se materializó a través del proyecto Bienes Públicos de CORFO.
¿Qué avances recoge hoy la norma?
Los resultados mostraron que el uso de factores de diseño sísmico menos conservadores reduce el costo estructural sin comprometer el comportamiento sísmico. Las estructuras diseñadas bajo esta propuesta cumplen con el objetivo primordial de salvaguardar la vida: continúan siendo seguras y permiten una ocupación inmediata después de un evento sísmico.
¿Qué repercusión tiene el aumento del Drift de 0,002 a 0,0025 y R=6,5 para la viabilidad de construcciones en madera en mediana altura?
La repercusión viene dada por dos aspectos concretos: económico y territorial. En lo económico, durante el proyecto CORFO diseñamos estructuralmente cuatro arquitecturas distintas bajo las disposiciones vigentes y bajo la nueva propuesta normativa, y realizamos un análisis de costos en colaboración con DECON UC. Los resultados, extrapolados a los parámetros que quedaron finalmente en la norma, permiten estimar una reducción de costos de entre un 20% y un 25% en la obra gruesa, lo que mejora directamente la competitividad económica del sistema marco plataforma. En lo territorial, el incremento del drift de un 25% (de 0,002 a 0,0025) habilita técnicamente proyectos que antes no eran viables. Esto es especialmente relevante para zonas con suelos más blandos y para las zonas costeras del país, que concentran la mayor exigencia sísmica y donde las disposiciones anteriores comprometían la viabilidad de edificios de 5 a 6 pisos.
| NCh 433 Of.1996 (Mod.2009 + DS61) |
NCH 433:2026 | Incremento porcentual en esta actualización |
|
| Factor R | 5.5 | 6.5 | 18% |
| Drift (Δ) | 0.0020 | 0.0025 | 25% |
¿A partir de qué momento se podrían aplicar estos cambios en una estructura de madera de entramado ligero? ¿Qué relación tiene esto con el proceso de oficialización del Minvu?
La aplicación depende de dos etapas. Primero, la oficialización: un acto administrativo del Minvu (materializado mediante un Decreto Supremo publicado en el Diario Oficial) que establece desde cuándo es legalmente exigible la nueva versión. Sin ese paso, la NCh433:2026 es técnicamente válida, pero ninguna Dirección de Obras Municipales (DOM) puede exigirla. Segundo, un período de marcha blanca para probar la coherencia de la norma con la realidad constructiva nacional. Según información disponible a la fecha, el proceso completo tomaría aproximadamente 8 meses: 2 de oficialización y 6 de marcha blanca. Un dato práctico: si un proyecto requiere permiso de edificación en un plazo mayor a 8 meses, conviene trabajar ya con la NCh433:2026. Si el permiso se ingresará antes, lo correcto es usar la versión vigente oficializada. Aplicar la versión 2026 antes de su oficialización puede derivar en el rechazo del proyecto por parte de un Revisor de Cálculo o la DOM.
La voz del gremio técnico
Cada 22 de mayo se cumple un nuevo aniversario del terremoto que azotó a Valdivia en 1960, y que dejó una huella en la historia.
La NCh433:2026 no surge en el vacío. La normativa chilena de diseño sísmico es una construcción propia, desarrollada a lo largo de décadas sobre la base de la experiencia sísmica del país, el estudio del comportamiento real de las estructuras y el trabajo sistemático de especialistas e instituciones técnicas nacionales.
Eventos como los terremotos ocurridos en Valdivia (1960), Valparaíso (1985) y Maule (2010) no solo pusieron a prueba los edificios, sino también los criterios de diseño, conduciendo a revisiones que hoy son parte del acervo técnico consolidado en esta norma.
Es desde esa trayectoria propia, y no desde la adopción de marcos externos, que la NCh433:2026 incorpora, con rigor y pertinencia local, los ajustes que sistemas como la madera necesitaban para operar en igualdad de condiciones con otros materiales estructurales. Frente a esta posición, desde la ingeniería estructural, conversamos también con Jorge Tobar, presidente de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales (AICE), gremio que reúne a los profesionales que aplican estas normas en el ejercicio cotidiano del diseño sísmico en Chile.
La NCh433 lleva décadas de desarrollo y ha sido puesta a prueba en algunos de los eventos sísmicos más significativos del mundo. ¿En qué medida esta actualización refleja el conocimiento técnico acumulado en Chile, y qué tan determinante ha sido esa trayectoria propia en la forma en que se diseña y exige hoy el comportamiento sísmico de los edificios?
La NCh433:2026 es la culminación de un aprendizaje institucional que se aceleró tras el 27F. Chile ha pasado de una normativa basada en decretos de emergencia (como el DS61) a una norma consolidada que integra de forma coherente la clasificación de suelos y exigencias de desempeño más robustas. Esta trayectoria es determinante porque nos permite transitar desde un diseño puramente prescriptivo hacia uno basado en evidencia técnica local, permitiendo que materiales como la madera dejen de ser tratados con criterios de otros sistemas y tengan sus propios parámetros validados por nuestra sismicidad.
¿Cómo dialoga esta actualización con el desafío de ampliar el uso de la madera en edificaciones de mayor altura?
El diálogo es directo y habilitador. El gran cuello de botella para la madera de mediana altura (3 a 6 pisos) era el diseño por rigidez en zonas de mayor sismicidad. Con la actualización del drift admisible y el ajuste del Factor R a 6,5, se elimina el sobredimensionamiento innecesario que castigaba la competitividad del material. Para la ingeniería estructural, esto significa que ahora podemos proyectar edificios de madera técnica y económicamente viables en zonas de alta exigencia sísmica (áreas costeras o suelos blandos) donde antes la norma simplemente no permitía llegar a esas alturas.
¿Qué implicancias tiene esta actualización para el reconocimiento del CLT como sistema estructural?
Aunque el foco inicial de la investigación fue el sistema de entramado ligero, esta actualización sienta un precedente metodológico para el CLT. Al validar procedimientos como el FEMA P695 para calibrar parámetros de diseño en Chile, se abre el camino para que el CLT y otros sistemas masivos sigan una ruta similar de reconocimiento normativo. La NCh433:2026 establece el marco de confianza para que revisores de cálculo y DOM acepten sistemas de madera con criterios de desempeño equivalentes al hormigón o el acero. Es en esta norma donde el CLT comienza a mencionarse como material estructural.
¿Qué desafíos técnicos y normativos continúan pendientes en la integración de la madera en el diseño sísmico?
El principal desafío inmediato es la oficialización y la etapa de marcha blanca. Los ingenieros necesitan familiarizarse con los nuevos parámetros para evitar rechazos en las DOM por falta de vigencia legal. Hacia el futuro, el desafío pendiente es profundizar en la normativa de conexiones y en la integración de sistemas híbridos, hormigón y madera, asegurando que la innovación no se detenga en los 6 pisos, sino que apunte a estándares internacionales de mayor altura, siempre con el sello de seguridad que caracteriza a la ingeniería chilena.